El Chat siempre ha representado para mí un territorio para coquetear, no para enamorarme. Lo que me gusta del ‘messenger’ es que permite que uno se dé licencias ventajosas que, cara a cara, jamás se daría. Para los hombres tímidos como yo, no hay plataforma más recomendable, ni aliado más incondicional, ni invento más revolucionario que el Chat.
Si se conecta una chica que te gusta, la saludas galantemente, le pones un par de emoticones sensibles (recomiendo la carita amarilla que guiña el ojo, o la carita que se abochorna) y te anotas un puntazo con ella. Y si encima la haces reír (si logras que te escriba varios “jaajaja”), no habrá quién te detenga. No pararás hasta salir con ella.
Por Chat puedes dejar de reprimirte, puedes ahogar tus miedos, tus vergüenzas, e interpretar a otro hombre: uno más avezado, más seductor, más listillo, aplomado y divertido.
También puedes hacer un generoso marketing de ti mismo, colocando la foto que mejor te haga quedar ante los demás. Ese es un éxito tecnológico que los chicos de cara anodina agradecemos con el corazón en la mano. Nunca antes pudimos elegir nuestras fotos públicas: siempre, para cualquier trámite, dependíamos de fotógrafos malhumorados, empecinados en retratarnos como si fuésemos sus enemigos o sus acreedores. En el DNI, en los carnet´s, en la boleta militar. ¡Joder! No ha habido en todos estos años una sola foto en la que haya salido con una expresión decente. Siempre la misma sonrisita nerviosa de medio lado, los ojos estáticos de huevo frito, la mueca de ganso estreñido. Siempre el cuello duro, los hombros rígidos, el mentón chueco, y el pelo desacomodado, cepillado al vuelo con esos peines negros y mugrositos que comparten todos los clientes en las trastiendas de los locales de ‘Foto al Minuto’.
¡En el Messenger, en cambio, no! ¡Ahí por fin se acabó la tiranía de la fealdad! Capturas la foto de ti mismo que más te guste (una en la que se destaque tu ángulo menos cuestionable), la editas, le disimulas las impurezas, la recortas, la estampas en el cuadradito correspondiente y luego te sientas a esperar. No faltará una cándida que se enternezca y te escriba: “ay, sales lindo”. Y tú –cínico hasta la pared de enfrente– le contestarás: “¿te parece? Y eso que estaba con gripe”.
También disfruto el momento en el que te arriesgas formulándole a una chica una propuesta indecente. Redactas la frase pendenciera, aprietas rápidamente ‘enter’ y luego sueltas el teclado como si te quemara la yema de los dedos. Un pequeño peón verde ubicado en un extremo de la ventana te hará saber que tu interlocutora está escribiendo el mensaje de vuelta. Tú palideces de nervios durante los segundos que ella invierte en contestarte. Son segundos tortuosos, tensos, pero de mucha adrenalina y suspenso. Por un instante te arrepientes, pero ya no hay marcha atrás. Al final solo pueden ocurrir dos cosas: o acepta tu sucia propuesta, o te manda al diablo y te destierra de por vida de su lista de contactos.
Qué más da. La travesura está hecha. Y todo gracias al Chat. En vivo y en directo, esa misma insinuación te habría valido o bien una cachetada o bien un carterazo.
Ese siempre ha sido el fin utilitario que le he dado al ‘Messenger’. Me he acostumbrado a verlo como un juego, un pasatiempo electrónico, un ‘pinball’ de relaciones interpersonales. Nunca me ha gustado incurrir en charlas afectivas muy profundas o densas, porque, como ya dije, no concibo los enamoramientos virtuales, en donde los protagonistas están unidos por el misterio de un cable invisible, y no pueden besarse, ni sonreírse, ni oír sus voces, ni tocar su piel.
Alguien podría salir y decirme que el lenguaje puede llegar a ser más confiable y afrodisíaco que los sentidos. Sin embargo, yo veo que en esos ‘romances’ por ‘messenger’ los cibernovios destruyen el lenguaje, con abreviaciones huecas del tipo “tqm”. ¿Se han dado cuenta de que ya nadie dice “te quiero” por Chat? Todos prefieren la pacharaca economía del “tqm”. Me pregunto cómo se dirá “te amo” en el futuro digital: “¿tam?”
Por eso y muchas cosas más. I Love Messenger.
lunes, 12 de mayo de 2008
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